Metro y al Palacio Imperial, mi estómago ya empezaba a tener las mariposas de saber que se acercaba el final, aún no habíamos empezado el día y ya tenía la sensación de que me faltaba tiempo. Quería ir a tantos sitios....
Bueno, poco a poco, dimos un paseo por los jardines del Palacio Imperial, las murallas eran impresionantes, si, esas a las que se subió el turista "español" en pelotas. Unas piedras gigantescas y tan bien encajadas, a pesar de no ser cuadradas (si eran poligonales). Lo curiosos es el control de acceso al parque, al fin y al cabo es la residencia del Emperador, cuando entras, te dan una ficha de control donde pone, además, que se cierra a las 5:00 pm.


Salimos de los jardines, y de nuevo al metro, nos íbamos a Odaiba. Aquí tuvimos una de las anécdotas del viaje, "el japonés y la puntualidad", podría llamarse. Esperando el metro, vimos que marcaba la llegad a las 11:54 (faltaban dos minutos), bien, a las 11:55 aún no había llegado el metro, nosotros comentamos "huy huy... se retrasa eh?? jajajajaja" cachondeo, vamos. Pero normal, vamos. En esto que, de detrás de uno de los pilarotes de la estación, asoma la cabeza un grupito de 3 o 4 japoneses, con cara de preocupación se acercan al anden y miran hacia el túnel... se retrasaba... empezaron a comentar y no dejaban de mirar el cartel, su reloj, la boca del túnel. El metro llegó a las 11:58 y ya estaban que no sabían donde mirar!!! fue muy gracioso.

La primera parte del recorrido, pues bien, edificios modernos, el sistema de compuertas es muy curioso, las esclusas... bien, llegamos a la parada del Hama Rikyu, sube y baja gente, y la siguiente era la del enlace con el que lleva a Odaiba. DOS HORAS de transbordo. Casi me da un algo cuando me enteré, a ver, mi último día en Tokyo, y tengo que estar dos horas en una "parada de barco", en medio de la nada, en el puerto, sin nada que ver, que visitar, nada!!!????? Cuando en metro hubiésemos llegado en 20 minutos!!! (ya llevábamos más de una hora en el primer barco, eh?) Mal, fue muy traumático.

Por fin embarcamos a Odaiba.
Estuvo bien ver el viaducto desde el agua, y la aproximación a la isla, pues bien, pero vamos, que coges los horarios de los barcos, y llegas a este último directamente, evitandote todo el trayecto anterior desde Asakusa y te cunde más el día, puedes ver otras cosas.
En Odaiba, nos dirigimos al Edifico de la FujiTV, pasando por la réplica de la Estatua de la Libertad, chiquita chiquita. (Solo me falta ver la original, ya he visto la de París y la de Tokyo ^^)
El FujiTV es un edificio echo a escala gigante, la sensación es parecida a la que tuve en el Grand Arche, en la Defense, en París. Se ve un poco atenuado por el hecho de que en este edificio, subes varias plantas por unas escaleras también enormes, y al "subir por dentro", pierdes la sensación de escala desde el suelo, pero vamos, es gigante.

La mejor parte de la visita a Odaiba llegó cuando nos marchábamos, bajando las escaleras mecánicas del edificio, vimos mucha gente delante de un escenario y se oía música, conforme te acercabas veías que la gente era, en su mayoría chicos (o sea, masculino), y no precisamente quinceañeros. En el escenario, 6 niñas cantando y bailando coreografías de clase de gimnasia en 5º de EGB, ¡Y todos los tíos locos!!! pero locos locos, como no podéis imaginar. Daba un paso adelante una, decía algo, hacía un mohín... y todos flipando y gritándole (supongo que barbaridades ^^).

Fue un encontronazo con el fenómeno idol cara a cara, y fue realmente chocante. No me imagino a mis hermanos locos por ver a Arco Iris, por poner un ejemplo. (recordáis Arco Iris, o bueno, eso es mas local, más de Zaragoza, pero... Parchis, vale con 6 años estaba loca por Parchis... pero con 20-25?????)
Total, que Mary y Jose se fueron a la super noria de Odaiba, y nosotros cogimos el metro a Shiodome, queríamos ver los jardines de Hama Rikyu.
Dejamos el metro en el barrio de Shiodome, me queda pendiente una visita más detallada, es un barrio de negocios, super moderno, rascacielos, cristal... pero no teníamos mucho tiempo.

Este jardín es una delicia para pasear, tiene un lago con una casa de té sobre él, preciosa. No quería marcharme de Japón sin haber tomado té en condiciones, así que allí que fuimos. Era casi hora de cerrar, fuimos los últimos en entrar.


Cuando entras, te sientas sobre unas esterillas, de rodillas, sobre los talones, una posición un poco incómoda. Jesús fue incapaz de aguantar más de los segundos necesarios para hacerse la foto. Yo, fijándome en las explicaciones que daba una señora a su ¿nieta?¿hija? adopté la posición que veía, y fue un poco más cómodo, pero poco. Unas risas, viendo a la chica recibiendo lecciones y dos parejas de guiris, fijándonos en los gestos, en como movía la taza... copiando. A la chica, por las caras que ponía y la risa que le entraba, encontraba todo ese ceremonial un poco absurdo. A mi me encantó.

Fue algo espectacular, los rascacielos del Shiodome, los árboles del jardín y la casa de te reflejada sobre el lago. Se me saltaban las lágrimas, de pena y de alucinante. Las fotos no hacen justicia.

Pasó dos veces el guarda con la bicicleta diciendonos que cerraban, casi nos tienen que echar de allí.
Que mal rato pasé. No quería irme (ya lo he dicho antes, pero es lo único en lo que podía pensar ^^).
Dejamos el metro en la estación de Akihabara, paseamos por las calles llenas de gente y luces que tanto me impresionaron y que tantas ganas tengo de volver a ver, últimas compras en Yodobashi (nunca se termina de comprar en Yodobashi),... y cenamos en un restaurante de tempura.



Bajamos la maleta a la habitación, cogí los bártulos y al onsen, a despedirme. No se ni cuanto estuve a remojo allí, me encantó. Sigo pensando la manera de reformar el baño de abajo de forma que pueda meter un onsen... pero sin mover el inodoro es imposible.
Hasta aquí nuestro ultimo día en Japón, la próxima entrada será la vuelta y sus anécdotas (que no problemas).
Fotos del último día :(
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