Cogimos el tren a las 7:49 am. por fin un día "madrugamos" jeje. Una hora y 9 minutos más tarde llegamos a Okayama.
En Okayama hay un castillo similar al de Himeji, pero con los muros negros, lo llaman el castillo del cuervo negro (el de Himeji es el de la Garza blanca, creo) y unos jardines, según todas las guias, impresionantes.
Llegamos a Okayama sobre las 9 de la mañana, llegar hasta el castillo es muy fácil, sales de al estación, y por la avenida principal, todo recto hasta el castillo, como 15 minutos andando. Típica avenida grande, con tranvía, tiendas de todo tipo, fuimos haciendo fotos.
El castillo es muy chulo, exteriormente creo que me gustó más que Himeji, a pesar de ser mucho, pero mucho más pequeño, supongo que será por el color de sus paredes, es diferente. Dimos una vuelta por sus muros, y por la entrada, en la que hay catas arqueológicas que indican las dependencias de alrededor, que han desaparecido (por eso es más pequeño también, no se han conservado las dependencias anexas, solo el castillo). No entramos, ya que había leído que está totalmente reconstruido (si, en efecto, un incendio lo arrasó) y que por dentro no merece la pena, así que tras unas fotos, pasamos a lo más interesante de esta ciudad, los jardines Koraku-en, justo enfrente, en una isla del río Asahi.
Este jardín, según todas las guías, es uno de los 3 más importantes de Japón, y está prácticamente igual que cuando lo construyeron, en el año 1700.
La primera impresión es "vaya, una pradera", pero cuando comienzas a andar, vas descubriendo lo que más me ha impresionado de Japón, como cuidan la escenografía tanto en edificios como en jardines, la relación interior - exterior. Como, a cada paso que das, cada montículo que subes o cada giro del camino, te muestra un jardín distinto.
Me quedé con las ganas de tomar un té verde de la plantación que hay en el mismo jardín.
La nota curiosa fue que había excursión de niños de guardería... geniales, por cierto, todos con bata y con gorrito de colores, para distinguir los grupos. Todos con sus madres haciendo juegos, cantando... muy divertido. Lo mejor de todo, como nos miraban, sin ningún tipo de complejos (claro, son niños) y nos señalaban y decían algo a sus madres que se reían y nos miraban como diciendo "perdón, lo siento, jiji, son niños". Podéis imaginar que a nosotros, nada mas lejos de molestarnos, estábamos encantados. Tan monos!!!!
A las 12:30 cogíamos el tren de nuevo hacia Himeji, 20 minutos de Hikari en asiento reservado.
Como en Okayama, es salir de la estación (en obras y con carriles para peatones, si, como en la carretera los coches, los que salen por un carril, los que entran por otro, separados por columnas y maceteros, jajaja) y coger la avenida principal hasta el castillo.
A la derecha de la avenida principal hay una calle de esas cubiertas a modo de centro comercial, dimos un paseo buscando donde comer (encontramos una farmacia, gracias Mary, por tu gran ayuda para comprar las pastillitas mágicas, si, aún sin ir Oo). Un buen sitio, pro cierto, esperamos un poco, pero comimos muy bien. Después de comer, camino del castillo. Salimos a la avenida principal, para ir viéndolo conforme te acercas, ya llegando, había una escultura con uno de los peces que coronan los tejados de los castillos (una carpa, creo) y explicaba que se colocaban en los extremos de las cubiertas para proteger los edificios del fuego (mal, creo que las carpas no tenían muy claro cual era su misión, visto lo visto).
Pedazo de castillo!!! Este también ardió (de ahí lo de las carpas) y está reconstruido, pero tal y como era el original, con la estructura de madera. Es impresionante, y si, como a mi, te interesa la arquitectura, es una visita que no puedes perder. Las últimas escaleras, las que suben a la estancia más alta del castillo, son casi pates, prácticamente subes vertical, y había gente que tenía problemas de vértigo para bajar. Cuando sales de la torre principal, puedes visitar otra zona, la Torre de la Vanidad, donde la princesa Sen y sus acompañantes pasaban las noches. Es un edificio muy bonito, con unas vistas curiosas hacia el jardín. Los suelos de madera impresionantes, las habitaciones, parecía un poco las celdas de un convento. Es como un largo pasillo quebrado, por lo que por cada ventana, el jardín se ve distinto. Muy bonito.
Vuelta al tren, camino de Osaka. Aquí vino lo bueno, llegamos a la estación, y dijimos, bueno, pasamos de reservar, vamos a los vagones libres. Llegamos al andén, para un Nozomi dirección Osaka y decidimos que, la diferencia Nozomi - Hikari en el JRpass era que en los Nozomis, no se podía reservar, pues bueno, si hay sitio, nos sentamos. Entramos, hay sitio y allí que nos ponemos. Comienza Jesús a leer las instrucciones en el JRPass y OH!!! vaya, no se pueden coger los Nozomis. Bueno, ya veremos, en marcha no podemos bajar ^^, yo me dormí. Luego me dijeron que sí había pasado el revisor, pero no nos pidió nada (menuda suerte, nos hubiese salido muy caro el viajecito ^^)
En Osaka pedimos un plano, queríamos ir a Dotonbori. Estaba bastante lejos, así que pillamos el metro (bastante más caro que Tokyo, por cierto). Era ya de noche, y la zona estaba impresionante. Me quedé alucinada... para siempre pillada por todas esas luces, por la animación de la calle. Jamás había visto una calle así. Luces, miles de luces, carteles con luces cambiantes, carteles que se mueven, cangrejos gigantes, dragones atravesando fachadas, y más luces. Y gente, mucha gente, pero no como en Tokyo, que parece que saben a donde van, no, gente paseando, gente dando una vuelta, como en España, sin rumbo fijo, se paraban, charraban, me encantó el ambiente de esa calle.
Allí, en Dotombori, descubrí la comida japones que más me ha gustado, el okonomiyaki. Simplemente genial. Y las risas que nos echamos, además.
De vuelta al tren, bajamos por otra calle-centro comercial. Igual, tiendas, gente, peluquerías abiertas por la noche (eran más de las 9). Yo no me quería ir, estaba totalmente absorbida por el ambiente, hubiese estado vagando por esas calles hasta que no quedase nadie.
Miramos el plano, para bajar andando era una barbaridad, y perderíamos el tren, así que bajamos por esa calle hasta una parada de metro abierta (porque vimos un para cerradas ¿?) y a la estación.
A las 9:33 cogíamos el tren (esta vez si, Hikari y reservado, que iba lleno de salary men) y a las 9:48 de nuevo en Kyoto.
Intentamos parar a tomar un helado o algo, pero estaba todo cerrado ya (jur, que horarios), así que, a dormir.
Y esto fue todo el día de excursión. Otro post demasiado largo, pero es que, son muchas cosas.
Fotos en flic del día 23. (por cierto, el día de Aragón)
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